Lo más fácil es, saber decir…

Sin preocuparse, es como hay que vivir

Todos conocemos esta frase de nuestros amigos de la infancia Timón y Pumba, una lección que le dan al pequeño Simba pero que a todos nos viene muy bien recordarla de vez en cuando.

Las preocupaciones son algo constante en nuestra vida, algunas son pequeñas y más cotidianas, como las facturas, los niños, los exámenes, el tráfico o el hacer malabares para lograr hacer todo lo que debemos o nos proponemos. Y otras, aunque vienen en menor cantidad parecen más grandes como enfermedades, despidos, problemas económicos fuertes o el futuro en general.

Y aunque todos hemos tenido algunas de estas preocupaciones a veces no nos damos cuenta del efecto que tienen sobre nuestra vida, el estado de ánimo, el gasto de energía, hasta nos cambia el carácter.

Obviamente no queremos decir que no hay que preocuparse y que siempre todo saldrá bien, eso nadie nos lo puede asegurar pero si queremos decir que hay momentos en los que es mejor PONERLE UN ALTO A LAS PREOCUPACIONES.

Pero… ¿A cuáles?

Las que no podemos controlar:

Algo muy importante que debemos entender, y que nos cuesta mucho, es que al preocuparnos realmente NO SOLUCIONAMOS NADA, las preocupaciones existen como una señal del cuerpo para decirnos ¡ALERTA, ALERTA! puede que algo nos este amenazando y no vaya bien. Es en ese momento cuando nuestro cuerpo se pone el chip de ARREGLA LA SITUACIÓN.

Pero no todas las situaciones se pueden arreglar por adelantado, es más, no todas las situaciones las podemos arreglar nosotros, a veces dependemos de alguien o algo más. Por ejemplo: estás esperando que te llamen de esa entrevista de trabajo, crees que lo has hecho bien, sin embargo estás ahí dándole vueltas y vueltas a la cabeza sobre cuando llamarán, por que no han llamado, que hiciste mal y  si lo piensas, toda esa energía y todo ese tiempo que estás dedicando a preocuparte no sirve de nada.

Preocuparnos por el futuro:

¡Nos declaramos culpables de esto! Y es que en realidad lo que a todos nos preocupa y nos da inseguridad es la incertidumbre, el no saber que va a pasar con nosotros, nuestro trabajo, nuestras relaciones o nuestra salud. Tratamos todos los días de tener cierta estabilidad para el futuro, pero el pensar una y otra vez sobre ello nos puede angustiar mucho. Es bueno estar preparado, claro que hay que ahorrar algo de dinero “por si acaso” pero en todo caso, el estar preocupados y sintiendo estrés por cosas que no sabemos ni que son, ni si van a pasar no nos sirve PARA NADA ¿y si no pasa nada? ya por adelantarnos, lo pasamos mal… pero, ¿y si pasa? Pues entonces sufriste dos veces. Estos son los famosos “¿y si..?” que no podemos evitar.

En realidad las sorpresas de la vida rara vez vienen anunciadas y es mejor confiar en que podemos manejar las cosas cuando lleguen, que tratar de anticipar todas las tragedias.

Identificarnos con la tragedia ajena:

Nunca faltan las historias, películas, chismes o noticias de cosas malas que le pasan a la gente, y aunque no caemos en todas, también es posible que este tipo de situaciones nos causen preocupación tanto por otros como para nosotros.

Preocuparnos por lo que digan los demás:

A algunos nos pasa más que a otros pero el dar tanta importancia a lo que piensen o digan los demás de nosotros no solo resulta super desgastante, si no que es algo que probablemente estemos adivinando y por lo que perdemos energía y le damos mucho poder a las opiniones de los demás sobre nosotros o nuestro comportamiento.

Tal vez estarán pensando ya para este punto “Claro, es muy fácil decirlo” y si es verdad, este tipo de cosas no se logran de la noche a la mañana, pero ahora van unos puntos que nos pueden guiar por el buen camino de Hakuna matata.

1. Confía en tus capacidades

Si tú crees que tienes habilidades y recursos para afrontar las situaciones entonces estarás preparado para cuando lleguen los problemas.


2. Tu decides sobre tu vida
Aunque las cosas estén muy mal recuerda que normalmente hay algo que puedes hacer, tal vez no sea el resultado ideal pero tu vida la manejas tú, saber que lo que pase o no pase con nosotros es depende de nuestras acciones y las decisiones que tomemos nos ayuda a sentir que tenemos control sobre nuestro futuro.


3. Acepta tu responsabilidad en lo negativo pero también en lo positivo.
Nuestros amigos los científicos han encontrado que las personas que normalmente se sienten culpables por las cosas malas que les pasan a ellos y a los demás, tienden a preocuparse más. Así que, ¡ayudate a ti mismo y date una palmada en la espalda cuando hagas algo bueno!Esto te ayudará a que creas más en tus capacidades y a que disminuyan las preocupaciones.


4. Analiza la situación que te preocupa.
Si la puedes cambiar entonces mejor ponte manos a la obra, que así se pasa el mal rato más rápido y si no depende de ti, o no es el momento para hacer algo al respecto repite: Hakuna matata, o cualquier frase que te tranquilice y que te haga ver las cosas de forma más objetiva.


5. No lleves todo el peso sobre tus hombros.
Si ves que algo te preocupa mucho y que de verdad no lo puedes manejar, hablarlo con alguien más puede ser muy tranquilizador, te puedes quitar un peso de encima y encontrar otras alternativas para solucionar la situación.

Así que ya lo saben, Hakuna matata, a preocuparse lo justo que ya demasiado tenemos que hacer, esperamos que les haya gustado el post de hoy, no olviden comentar, dar like y compartir.

Y recuerden NINGÚN PROBLEMA DEBE HACERTE SUFRIR, LO MÁS FÁCIL ES, SABER DECIR….. ¡¡¡HAKUNA MATATA!!!

LA PSICOLOGÍA ESTÁ DE MODA.

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